Una de las cosas más hermosas que me ha regalado la escritura es la posibilidad de dar charlas y visitar centros educativos, conversar con estudiantes y compartir no solo mis libros, sino también mi proceso creativo, mis dudas y mis pasiones.
Cada vez que entro a un aula, me invade una mezcla de emoción y responsabilidad. Sé que estoy hablando con jóvenes que están formando su mirada sobre el mundo, que están descubriendo quiénes son y qué les mueve. Y si, en ese camino, una historia puede acompañarles, entonces todo tiene sentido.

Más que charlas: encuentros
Cuando doy charlas en un colegio o instituto, no solo hablo de mis libros. Me gusta compartir cómo nacen las ideas, qué ocurre cuando una historia se resiste, cómo lidio con el miedo a la página en blanco, y también qué se siente cuando, al fin, un lector conecta con lo que he escrito.
Lo que más disfruto es ese momento en el que los estudiantes hacen preguntas. A veces son tan directas, tan sinceras, que me hacen pensar en cosas que no había considerado. Otras veces me cuentan que ellos también escriben, o que se han sentido reflejados en un personaje. Y entonces, la literatura se vuelve algo vivo, algo que nos une.

Anécdotas que se quedan conmigo
He vivido encuentros que guardo con especial cariño. En una ocasión, después de leer uno de mis libros, un grupo de alumnos montó una pequeña obra de teatro basada en una de las escenas. Ver mi historia transformada en voces, gestos y movimiento fue profundamente emocionante. Me recordó que escribir no es un acto solitario, aunque muchas veces lo parezca. Es sembrar algo que después otros harán crecer a su manera.
Y también están esos silencios. Esos instantes en los que noto que algo ha tocado, que alguna palabra ha llegado. No siempre hacen falta aplausos ni grandes gestos; a veces, basta una mirada atenta para saber que la charla ha dejado huella.

Una invitación abierta
Creo firmemente que los escritores no solo debemos escribir, sino también compartir. Acercarnos a las nuevas generaciones, mostrarles que detrás de cada libro hay un ser humano lleno de preguntas, como ellos. Por eso siempre digo que sí cuando un centro educativo me invita. Porque cada charla es una oportunidad para sembrar curiosidad, creatividad y amor por las palabras.
Si formas parte de un colegio, instituto o centro cultural y te interesa organizar una charla conmigo, estaré encantada de colaborar. Me encantaría seguir acercando la literatura a más jóvenes, abrir espacios de diálogo y seguir aprendiendo juntos.
Gracias de corazón a todos los docentes, bibliotecarios y estudiantes que han hecho posible estos encuentros. Gracias por abrirme la puerta de vuestras aulas, y sobre todo, por abrir el corazón a las historias.
¿Te gustaría que visite tu centro educativo?
Puedes escribirme a través del enlace de contacto disponible en mi web.