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El miedo como raíz de la narrativa de la literatura de terror

Desde que los seres humanos contamos historias alrededor del fuego, el miedo ha estado presente. La literatura de terror nace de esa necesidad primitiva de explicar lo inexplicable: los ruidos en la oscuridad, las sombras del bosque, los sueños que parecen más reales que la vigilia.
El terror, antes de ser un género literario, fue un impulso narrativo.

En la Antigüedad, ya encontramos rastros de lo macabro y lo sobrenatural en textos como La Odisea, con sus monstruos marinos y hechiceras, o en Las Metamorfosis de Ovidio, donde el cuerpo humano se transforma en algo inquietante. El miedo a lo desconocido y la fascinación por lo prohibido estaban ya sembrados.

El nacimiento de la literatura de terror gótico

El verdadero punto de partida de la literatura de terror moderna se sitúa en el siglo XVIII con el auge de la novela gótica.
En 1764, Horace Walpole publica El castillo de Otranto, considerada la primera novela gótica. En ella, el misterio, la arquitectura medieval y la culpa se entrelazan para crear una atmósfera oscura que influiría a toda una generación de autores.

Tras él, surgieron figuras como Ann Radcliffe, quien perfeccionó el arte del suspense en Los misterios de Udolfo, o Matthew Gregory Lewis con El monje, una obra escandalosa para su tiempo, repleta de deseo, religión y muerte.
Aquellas novelas no solo exploraban lo sobrenatural, sino también los límites morales y psicológicos del ser humano.

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Mary Shelley y el nacimiento del monstruo moderno

En 1818, Mary Shelley escribe Frankenstein o el moderno Prometeo, en una noche tormentosa a orillas del lago Lemán, durante aquel famoso desafío literario entre amigos como Lord Byron y Percy Shelley.
Su criatura no solo encarna el miedo a la muerte y a la ciencia desbocada, sino también el horror existencial de ser rechazado.
Con Frankenstein, el terror se vuelve filosófico y humano.
Podemos decir que aquí nace el terror moderno, donde el monstruo es espejo del alma.

Edgar Allan Poe: el alma del miedo

No puedo hablar de los orígenes del terror sin mencionar a Edgar Allan Poe, maestro absoluto del horror psicológico. En relatos como El corazón delator o La caída de la Casa Usher, Poe convierte la locura en una forma de arte.
Sus historias no solo asustan: también desnudan el alma.
Gracias a él, el miedo se volvió íntimo, interior, y dejó de depender de fantasmas para volverse humano.

Del miedo cósmico a nuestros días

A comienzos del siglo XX, H.P. Lovecraft expandió el horizonte del terror con su “horror cósmico”. En su universo, la verdadera amenaza no está en los monstruos, sino en la insignificancia del ser humano frente a un cosmos incomprensible.
A partir de él, la literatura de terror se diversificó: del horror psicológico de Shirley Jackson (La maldición de Hill House) al terror cotidiano de Stephen King (It, El resplandor), que trajo el miedo al presente.

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El terror como espejo

Escribo historias de miedo porque, como lectora, siempre he sentido que el terror nos enseña más sobre nosotros mismos que cualquier otro género.
Detrás del susto hay una pregunta profunda: ¿qué tememos realmente?
Tal vez no a los fantasmas, sino a perder lo que somos.

Conclusión

Los orígenes de la literatura de terror no están solo en los libros, sino en nuestra propia sombra.
Desde El castillo de Otranto hasta las novelas actuales, el terror ha evolucionado con nosotros, adaptándose a los miedos de cada época.
Y mientras sigamos temiendo, seguirá habiendo historias que nos obliguen a encender la luz antes de dormir.

Julia Cortés Palma

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