Cada octubre y noviembre, el aire se llena de misterio. Entre las sombras, las flores de cempasúchil iluminan los altares mientras las calabazas sonríen en la penumbra. Día de Muertos y Halloween se encuentran como dos caras de una misma moneda: la fascinación humana por la muerte y su representación en la literatura.
La muerte como personaje literario
Desde tiempos antiguos, la literatura ha usado la muerte no solo como final, sino como protagonista simbólico. En México, el Día de Muertos inspira cuentos, poemas y novelas donde los difuntos regresan para convivir con los vivos. En cambio, en la tradición anglosajona de Halloween, la muerte suele aparecer como algo que aterra, pero también que invita al juego y a la catarsis.
Basta recordar obras como Don Juan Tenorio de José Zorrilla, que se representa tradicionalmente en estas fechas, o los relatos de Edgar Allan Poe, donde lo macabro se vuelve arte. Ambos reflejan cómo el ser humano transforma su miedo en narrativa, mito y poesía.
Día de Muertos: la literatura que celebra la memoria
La literatura mexicana ha hecho del Día de Muertos un tema central. Autores como Octavio Paz, Rosario Castellanos o Juan Rulfo han explorado el vínculo entre los vivos y los muertos, la identidad y la memoria. En Pedro Páramo, por ejemplo, los muertos hablan y recuerdan, construyendo un universo donde la frontera entre la vida y la muerte se desvanece.
Cada altar, cada calaverita literaria, es una historia en sí misma. Escribir sobre los que se fueron es una manera de mantenerlos vivos.

Halloween: el miedo como espejo del alma
En cambio, Halloween surge de las antiguas celebraciones celtas del Samhain, cuando se creía que los espíritus cruzaban al mundo de los vivos. La literatura anglosajona ha convertido este miedo ancestral en relatos góticos, novelas de terror y personajes inmortales como Drácula o Frankenstein.
Halloween nos enseña que el miedo también puede ser un recurso literario poderoso: nos obliga a mirar dentro de nosotros mismos, a enfrentar lo desconocido y darle forma con palabras.

Dos tradiciones, una misma inspiración
Tanto Día de Muertos como Halloween son festividades que inspiran la creación literaria. Ambas nos recuerdan que la muerte, lejos de ser un final, es un territorio fértil para la imaginación.
En mis lecturas y en mi propia escritura, encuentro que hablar de la muerte es también hablar de la vida: de lo que amamos, de lo que recordamos y de lo que dejamos detrás.
Este otoño, entre altares y calabazas, te invito a leer, escribir y celebrar con palabras a los que viven en nuestras historias.