El sueño de una manzana

El sueño de una manzana

Colgaba de la rama más alta
inaccesible, madura, fuerte y segura.
Te esperaba,
contaba los minutos, horas, días…
sabía que llegarías.
Rezaba,
rezaba para que llegaras
antes de que el inexorable tiempo
me desprendiera de aquella rama,
antes de caer al suelo
y pudrirme sin remedio;
en esto se parece mi sueño al de Lorca,
el cementerio, la tumba donde reposan
los vivos que ya están muertos.

Llegaste y miraste al manzano con sus manzanas,
manzanas verdes, jóvenes y cercanas…
Levantaste la vista y me viste
colgando de la última rama;
con buen criterio sabías
que la fruta más joven es también la más ácida;
solo a unos pocos seduce
la fruta madura por ser la más dulce.

Alargaste tu mano, no alcanzabas,
vi la desesperación en tu mirada.
Entonces desde dentro mismo
del corazón de la manzana,
exhalé un profundo suspiro
que me desprendió de la rama.

Caía, caía y justo antes de tocar el suelo,
me abrazaste con tus dedos…
Fue precisamente en ese momento
cuando desperté de mi sueño.


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