Compro tiempo

Compro tiempo

Esta mañana, en el instituto, comenta en alto un alumno:
– Me aburro.
Le miré, me acerqué a su pupitre y hablándole muy bajito le dije:
-¿A cómo me dejas la hora? Estoy mal de ambas cosas, tiempo y dinero.
El chaval me miró sin entender nada. -¿Qué? ¿Cómo dice?
-Verás, le contesté, a mí me hace falta el tiempo que a ti te sobra. Con ese tiempo yo haría maravillas. Saldría a dar un paseo, visitaría a alguna amiga, podría dedicarlo a mi casa, que le hace falta; a mis hijos, a mi familia; a leer, a ver alguna película…
Y sobre todo, podría dedicarlo a lo que más me gusta, a escribir, a vaciar mi alma en el correr de la tinta, a expresar lo que siento, lo que me disgusta.
Me hago mayor, el espejo me insulta. Yo sigo viendo en él, la que soy, una niña, pero el rencoroso se empeña en no olvidar, en marcar mi piel, en no dejarme tranquila…
Intento convencerle de que me olvide, que pase de mí, que me dé más, que no tengo bastante; que no me avisó que pasaba fulminante.
Soy como el conejo de Alicia.- Llego tarde, llego tarde. Reloj y prisa, siempre prisa.
Quiero engañarle, con potingues, con disciplina física. Le he declarado la guerra a las arrugas, las quiero tener a raya, que no se pase ni una; que no saben con quien dan, que aquí estoy rebosante de de energía. Que mi mente vuela como la de un adolescente, que mi corazón siente más cada día; que quiero hacer locuras, las que antes no hacía; que no quiero que me pillen los años, que me cojan desprevenida.
Así que te aviso, el tiempo que se va, no vuelve.


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