Monthly Archives: febrero 2018


El sueño de una manzana

El sueño de una manzana

Colgaba de la rama más alta
inaccesible, madura, fuerte y segura.
Te esperaba,
contaba los minutos, horas, días…
sabía que llegarías.
Rezaba,
rezaba para que llegaras
antes de que el inexorable tiempo
me desprendiera de aquella rama,
antes de caer al suelo
y pudrirme sin remedio;
en esto se parece mi sueño al de Lorca,
el cementerio, la tumba donde reposan
los vivos que ya están muertos.

Llegaste y miraste al manzano con sus manzanas,
manzanas verdes, jóvenes y cercanas…
Levantaste la vista y me viste
colgando de la última rama;
con buen criterio sabías
que la fruta más joven es también la más ácida;
solo a unos pocos seduce
la fruta madura por ser la más dulce.

Alargaste tu mano, no alcanzabas,
vi la desesperación en tu mirada.
Entonces desde dentro mismo
del corazón de la manzana,
exhalé un profundo suspiro
que me desprendió de la rama.

Caía, caía y justo antes de tocar el suelo,
me abrazaste con tus dedos…
Fue precisamente en ese momento
cuando desperté de mi sueño.

Julia Cortés Palma

La trampa

Pasas al principio bullicioso
tan despacio que causas tedio
y de repente, un día, de un zarpazo
vertiginoso te precipitas en silencio.

Me llovieron los eneros
sin apenas darme cuenta
pensando que eran casi eternos;
apresuradas amarillearon
las flores alegres de mi huerto.

Melancolía de efímeras primaveras
que por los cristales de mi alma
se escurrieron;
las detendré con mi mirada,
congelaré en mis versos.

Todavía puedo hacerlo
ahora que sé
que te me escapas
amigo traidor, tiempo;
voy a retarte con osadía
no instalarás en mí tu desaliento.

Compro tiempo

Compro tiempo

Esta mañana, en el instituto, comenta en alto un alumno:
– Me aburro.
Le miré, me acerqué a su pupitre y hablándole muy bajito le dije:
-¿A cómo me dejas la hora? Estoy mal de ambas cosas, tiempo y dinero.
El chaval me miró sin entender nada. -¿Qué? ¿Cómo dice?
-Verás, le contesté, a mí me hace falta el tiempo que a ti te sobra. Con ese tiempo yo haría maravillas. Saldría a dar un paseo, visitaría a alguna amiga, podría dedicarlo a mi casa, que le hace falta; a mis hijos, a mi familia; a leer, a ver alguna película…
Y sobre todo, podría dedicarlo a lo que más me gusta, a escribir, a vaciar mi alma en el correr de la tinta, a expresar lo que siento, lo que me disgusta.
Me hago mayor, el espejo me insulta. Yo sigo viendo en él, la que soy, una niña, pero el rencoroso se empeña en no olvidar, en marcar mi piel, en no dejarme tranquila…
Intento convencerle de que me olvide, que pase de mí, que me dé más, que no tengo bastante; que no me avisó que pasaba fulminante.
Soy como el conejo de Alicia.- Llego tarde, llego tarde. Reloj y prisa, siempre prisa.
Quiero engañarle, con potingues, con disciplina física. Le he declarado la guerra a las arrugas, las quiero tener a raya, que no se pase ni una; que no saben con quien dan, que aquí estoy rebosante de de energía. Que mi mente vuela como la de un adolescente, que mi corazón siente más cada día; que quiero hacer locuras, las que antes no hacía; que no quiero que me pillen los años, que me cojan desprevenida.
Así que te aviso, el tiempo que se va, no vuelve.

La sombra del recuerdo de tu cuerpo

La sombra de tu recuerdo

Viene cuando quiere
se apodera de mi mente,
también de mi cuerpo;
me abduce, me seduce,
ocupa mi pensamiento.

Ya no me resisto,
me dejo,
permito que me viole
la sombra de tu recuerdo.

Cada vez que me toma
hace de mí
toda una orgía de plumas
al vuelo.

Se desnuda,
se introduce sin recato,
bajo las sábanas de mi lecho.
Me toca, me abraza,
me araña, me muerde;
deja en mí,
marcas de silencio.

Es juguetona y caprichosa,
aparece cuando no lo espero;
sabe como hacerlo
porque cuando creo
haberlo olvidado,
se pega aún más
a mi cuerpo.

Hace de algunas noches eróticas,
todo un infierno,
o tal vez,
un paraíso de Apolos
que corren desnudos
buscando enardecer
mi deseo…

Solo tu sombra
es la que me embarga,
la que me embiste
y se funde dentro,
para saciar sus ansias,
para llevarse mis jadeos,
para no respetar nada,
ni mi compañía,
ni mi vigilia,
ni mi sueño.

Julia Cortés Palma